Open banking: así fue en 2018, así será en 2019

Open banking: así fue en 2018, así será en 2019

Dicen de 2018 que ha sido el año del open banking. Y de 2019 que será el que lo asiente. A punto de cumplir doce meses de la entrada en vigor de la directiva europea PSD2 en marzo pasado, la noción de banca abierta tiene ante sí el reto de transitar 2019 bien como una evolución bien como una revolución. La oportunidad es inmensa, la colaboración es esencial y la confianza es la clave, pero se necesitará incentivar al cliente para que la abrace.

 

26 Dic. 2018

Aunque el pistoletazo oficial se diera ya en el pasado mes de marzo, la mayoría de los bancos están todavía en proceso de testar estos servicios. El periodo de transición establecido por la norma europea es de 18 meses, por lo que el plazo para adaptarse a la PSD2 finalizará el 14 de septiembre de 2019.

Pese a que el mercado todavía no está maduro y que nadie parece tener una estrategia a largo plazo, ninguna entidad se ha dormido en los laureles. El 84% de las marcas financieras ya desarrolla productos open banking para lanzarlos en 2019, según datos publicados en Opportunity Knocks: The future of open banking, un whitepaper sobre el fenómeno redactado al alimón entre Fintech futures y la consultora británica TLT. De acuerdo a sus mismas estadísticas, el 44% de los bancos está haciendo el trabajo por sí solo, mientras un 32% ha depositado parte de la estrategia en consultoras externas. En asociarse con la entidad adecuada reside una parte importante del éxito, asegura TLT en este informe donde el término evolución con el que se definen algunos capítulos del cambio termina por trasponerse al de revolución.

Al tiempo que la tecnología se ha hecho más precisa, los bancos han ido cogiendo el pulso a la interacción mediante herramientas abiertas. En Reino Unido, hasta junio pasado las APIs de banca abierta habían sido usadas 1,2 millones de veces, según datos de la Open Banking Implementation Authority, casi el doble de las 720.000 de mayo. En datos de PWC, se espera que el 71% de las pymes y el 64% de los adultos la hayan adoptado en 2022. Pero para llegar a ese estadio todavía queda trabajo por hacer: las fintech tienen que demostrar su capacidad de brindar tranquilidad y seguridad.

Uno de los mejores indicadores del volumen de disrupción que está por llegar es la respuesta uniforme del mercado sobre cuáles son sus mayores competidores: Google, Amazon, Facebook y Apple (GAFA, por sus iniciales). Pese a la voracidad de estas firmas en el mercado de pagos, los cuatro gigantes también han demostrado cierta renuencia a asumir cien por cien las reglas financieras. Normas a las que están más dispuestas las fintech, otro fuerte competidor para la banca que, en cambio, sí sabrá aprovechar sus fortalezas en diseño de experiencia de usuario para concebir aplicaciones que redefinen comportamientos del cliente, sus expectativas y demandas, según expone TLT en Opportunity Knocks.

2019: fase dos

El inicio de transacciones mediante APIS deberá esperar a mediados del año 2019, aunque el consenso del sector considere a estas interfaces son la mejor manera de avanzar, equiparándose así al calendario de la PSD2. En concreto, el 14 de septiembre el open banking será testigo de la implantación de los estándares técnicos SCA (Autenticación reforzada del cliente) y SCS (estándares abiertos seguros de comunicación) de la Autoridad Bancaria Europea. Estas normas determinarán de qué manera los bancos permiten el acceso a los datos de sus clientes.

Los nuevos estándares cumplirán un doble papel para, en primer lugar, permitir la experimentación y la innovación en un entorno seguro y, en segundo término, actuar como estímulos para acelerar la colaboración. Desde la perspectiva que Pinsent Masons e Innovate Finance publican en su estudio sobre open banking, la colaboración entre bancos y fintech será el corazón del futuro; la confianza, su moneda de cambio.

Así, la colaboración irá conquistando nuevos microsegmentos financieros, espacios impensables cuando bancos y fintech operaban cada quien por su lado. Así y conforme evolucione el open banking, la especialización también crecerá al tiempo que se conozcan nuevas necesidades de los clientes. Todo ello gracias al ecosistema combinado de plataformas y aplicaciones financieras que generará mejores datos y una distribución más eficiente de los servicios, según los argumentos de Pinsent Masons e Innovate Finance.

El mercado mudará de traje a medida que otras empresas se deciden a jugar. 2019 será el año clave en la transición hacia el open banking. Todas las grandes entidades estarán ya preparadas para iniciar la siguiente fase de apertura, en que el cliente ganará en seguridad.

Porque la confianza es la clave. Y, aquí, la educación jugará un papel importante para generarla. En datos de una reciente encuesta de la Competition and Markets Authority (CMI) de Reino Unido, el 92% del público no ha oído hablar de open banking. Pero es probable, dice el informe de Pinsent Masons, que ese público adopte rápido los nuevos estándares porque serán proporcionados por marcas conocidas y de su confianza.

Bancos, empresas financieras y otros negocios primerizos pueden ganar una cuota de mercado significativa si dan con un modelo comercial que incentive la adopción de sus servicios por minoristas y consumidores por igual. Es decir: persuadirles para que utilicen estos servicios en lugar de los tradicionales.

Más allá de 2019

Más allá de 2019 y con la mirada puesta en un escenario 2020-2025, gran parte de los pagos serán automáticos para entonces. Sin tener nada que ver con la ciencia ficción, robots asesores darán esas órdenes de pago, se cuenta en Banking 2025, el informe temático de la plataforma de banca digital Backbase.

El open banking dará el pistoletazo de salida pero la clave de toda esta revolución será saber gestionar las condiciones y fijar las líneas maestras del control. Apoyadas en la Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés) y el Machine Learning, las APIs contribuirán a liberar a los consumidores de muchas de las tareas de control de sus finanzas y abrirán nuevas oportunidades en torno a cómo gastan e invierten su dinero.

Y, al tiempo que el open banking demuestra a los reguladores europeos cómo está llevando a cabo el PSD2, el sector empieza a dibujar las primeras pinceladas de lo que podría llamarse PSD3 bajo el auspicio asesor del Grupo de Berlín.

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