He leído y acepto los términos y condiciones de tu API

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Se trata de una de las mayores mentiras de internet, está justificada (en cierta medida) y el mundo del desarrollo no es una excepción: los términos y condiciones de los múltiples servicios que se encuentran a nuestra disposición en internet son largos y farragosos textos legales, publicados exclusivamente en inglés (o mal traducidos) que difícilmente un usuario de a pie puede leer completos para comprenderlos y aceptarlos con conocimiento de causa.

Los contratos que aceptan los desarrolladores al comenzar a utilizar una API no son distintos. De esta forma, dos universos con lenguajes muy específicos y alejados del habla común, el legal y el de la informática, colisionan habitualmente en los términos y condiciones, condenados a no entenderse jamás.

Pero no hay por qué perder la esperanza. Si los usuarios reclaman textos legales más sencillos (que utilicen incluso, por qué no, emoticonos), los desarrolladores también reivindican unos términos y condiciones comprensibles de cara al uso de las APIs, para así poder cumplir estrictamente con las normas. En definitiva, que se simplifique la forma de comunicar los requisitos. Y Google parece haber escuchado su petición. Al menos, ha dado algún paso para que los creadores de aplicaciones no mueran en el intento por comprender qué reglas deben seguir.

Los de Mountain View han rediseñado su Centro de Política de Desarrolladores para que estos puedan encontrar de forma sencilla e intuitiva toda la información que deben conocer antes de lanzarse a publicar su aplicación en la tienda de Google, la popular Play Store.

En la renovada plataforma de información legal, siete iconos representan los principales temas que debe conocer cualquiera que desee lanzar su contenido en los dominios de la gran G: contenido restringido; propiedad intelectual, engaño y spam; privacidad y seguridad; obtención de ingresos y publicidad; ficha de Play Store y promoción; cumplimiento obligatorio y actualizaciones y otros recursos.

Bajo cada uno de estos iconos, acompañados por títulos que ya resumen bastante la temática de cada apartado, aparece la pregunta esencial a la que responde. Así, queda claro que en “contenido restringido” los desarrolladores hallarán los requisitos para dar respuesta a la primera pregunta de Google: “¿Tu aplicación cumple las normas?”.

No obstante, este acercamiento de Google a los desarrolladores es poco más que un primer paso, necesario pero insuficiente. Basta con acudir al Acuerdo de Distribución para Desarrolladores para encontrarse, una vez más, con un largo texto legal repleto de definiciones y epígrafes difíciles de comprender a simple vista.

De igual forma, y siguiendo con los textos legales que deben aceptar los desarrolladores que quieran trabajar en el ecosistema de Google, los términos del servicio que aceptan aquellos que deseen utilizar la API de Google Maps para crear una herramienta son otro hueso duro de roer: publicados solo en inglés y con cerca de una veintena de largos apartados, el desarrollador debería estar preparado para una pesada lectura antes de lanzarse a utilizar Google Maps en su aplicación.

Y no solo los de Mountain View pecan a la hora de ofrecer complejos textos legales a modo de condiciones de uso de sus API, claro. Lo mismo sucede con Apple y con la amplia mayoría de plataformas que ofrecen alguna herramienta. Así, mientras Google parece dar algún paso al frente en aras de unos términos de uso intuitivos, lo cierto es que aún queda un largo camino por recorrer para que los desarrolladores lleguen a tener ante sus ojos una interfaz amigable, sencilla e interactiva en la que queden claras las normas que aceptan al usar una API.

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