De Lovelace a la niña que sueña con escribir código hoy: 150 años de pioneras

El que se considera el primer programa informático lo escribió una mujer, y en los albores de la informática moderna ellas eran más ‘picando’ código. ¿Qué pasó? ¿Y qué pasa ahora?

08 Mar. 2019

Solo el 3% de los graduados en carreras TIC son mujeres a nivel global, según la UNESCO. En Europa, únicamente el 2,9% de las licenciadas tuvo un título de grado en computación en 2015, y solo cuatro de cada mil (0,4%) siguieron en la carrera. Sin embargo, no siempre fue así. De hecho, la primera persona que ‘tiró’ código fue una mujer.

Así considera la historia de la informática a Ada Lovelace. Augusta Ada King, Condesa de Lovelace, vivió entre 1815 y 1852 y trabajó con Charles Babbage aportando sus famosas ‘notas’ sobre la ‘máquina analítica’, un intento de calculadora de uso general que nunca se terminó. Esas notas estaban etiquetadas de la A a la G, y es esta última la que contiene las primeras líneas de programación de la historia. En ellas, esta pionera matemática y escritora describe un algoritmo para calcular números de Bernoulli.

Entre la ‘Nota G’ de Lovelace y el nacimiento de la informática moderna pasó casi un siglo. Cuando las computadoras digitales comenzaron a desarrollarse en la década de los años cuarenta, las mujeres volvieron a ser adelantadas en escribir código para las máquinas. Lo cuenta maravillosamente bien Clive Thompson en su reportaje en el New York Times ‘The Secret History of Women in Coding’.

En aquél momento, la mayoría de los hombres de la incipiente industria de la computación consideraban que escribir código era una “labor secundaria” y poco relevante. En un momento en que la palabra ‘software’ no existía en el mundo de la ingeniería, el auténtico prestigio estaba en el hardware, y a él se querían dedicar la mayoría de hombres.

A partir de los años 50 y 60, en el momento en que la programación de software se evidenció como la mejor manera de controlar el hardware, se comenzó a popularizar el software en ingeniería y, ya con prestigio social, los miles de puestos de programador que se crearon comenzaron a ser copados por hombres. Hoy, más de medio siglo después, las cifras son las que abren este artículo.

El 66% de las niñas estadounidenses entre los 6 y 12 años muestran algún tipo de interés por la formación en TIC. Este porcentaje baja hasta la mitad (33%) entre los 13 y los 17 años y al final son sólo un 4% las que empiezan una carrera relacionada. Son datos que recoge el colectivo Girls who code, que hoy agrupa ya a más de 90.000 desarrolladoras de software de todo el país.

Este tipo de colectivos proliferan desde hace ya algunos años y se han demostrado bastante efectivos para poner las bases de movimientos e iniciativas que tratan de mitigar la enorme becha entre hombres y mujeres en el campo de la programación y en el conjunto de los estudios y las profesiones STEM (acrónimo de los términos en inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). En Argenitna por ejemplo encontramos el Chicasprogramadoras.club, que organiza charlas regulares y cuentan con el apoyo de voluntarios y mentores que ayudan a convencer a las más jóvenes que se acercan antes de decidir qué estudiar de que la formación TIC no tiene género.

En España son destacadas iniciativas más enfocadas a la capacitación profesional de mujeres, como Adalab, que precisamente tiene este nombre en honor a la decimonónica condesa ‘coder. En su web encontramos testimonios como este de Elena Cerezo: “Adalab me ha ofrecido muchas cosas, no solo programación. Me ha empujado a formarme y a creer en mí como programadora". Elena pasó de ser topógrafa en paro a programadora en una empresa. El 94% de sus alumnas trabajan ya como programadoras.

No serán las últimas, queda mucha brecha por reducir. Pero antes que ellas -pero siempre después de Ada- hubo otras insignes programadoras. Cerramos este artículo publicado en el Día Internacional de la Mujer con cinco trabajadoras del código célebres:

Grace Hopper

Contraalmirante del Ejército de los EE UU, entre las décadas de los 50 y 60 desarrolló el primer compilador para un lenguaje de programación y también propició métodos de validación. Esta militar extendió la idea de una máquina independiente de los lenguajes de programación, lo que derivó en el desarrollo de COBOL, un lenguaje de alto nivel de programación que aún se utiliza.

Margaret Hamilton

Esta científica fue directora de la División de Ingeniería de Software del Laboratorio de Instrumentación del MIT,​ donde con su equipo desarrolló el software de navegación de abordo para el Programa Espacial Apolo. A ella se debe no solo la denominación “ingeniería de software” sino también el desarrollo de la disciplina.

Joan Clarke

Criptoanalista y numismática inglesa, fue la única mujer que trabajó en el equipo de Alan Turing durante la II Guerra Mundial en la búsqueda para descifrar el código ‘Enigma’ utilizado por el ejército Nazi. Su trabajo fue fundamental para lograrlo, pero aunque Clarke tenía la misma posición que sus compañeros, a ella le pagaban menos que a sus colegas debido a su género.

Hedy Lamarr

A esta actriz de cine e inventora austriaca naturalizada estadounidense se la considera como una de las pioneras de lo que hoy nos es tan imprescindible como el wi-fi. Fue coinventora de la primera versión del espectro ensanchado que permitiría las comunicaciones inalámbricas de larga distancia. También fue la primera mujer en mostrar un desnudo en una película comercial.

Radia Perlman

Perlman es famosa por ser la creadora del protocolo Spanning Tree (STP), que es fundamental para permitir la redundancia de caminos en las redes de área local (LAN). Aunque a ella no le gusta esa etiqueta, es conocida como la ‘Madre de Internet’. Cuando estuvo trabajando para Intel consiguió más de 47 patentes para el gigante de los procesadores.

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